Una vez, andábamos pescando, en el Estero de Tamacuil, exactamente en el Esterillo “Las Uvillas”, íbamos tres, que éramos mi papá, mi patrón, hijo de Irineo, el que molía caña, creo que se llamaba Tereso; mi papá iba de frente, nosotros de espalda.
Oímos el ruido, ruidazo que traían, como que iban abriendo brecha entre el monte, como un ciclón.
Era un caballo muy grande, con jinete, y que las patas traseras del caballo, quedaron apoyadas en el barranco, y las patas delanteras se quedaron en el Esterillo, y tenia como 14 o 15 pies de hondura.
Papá cuando vio ese caballo, nos grito…. ¡guárdense! ¡Guárdense! ¡Se aboga! ¡Se aboga! (pa atrás, pa atrás), y hasta que ya estuvimos lejos de ese lugar, fue cuando papá nos contó lo que el vio.
Tu nombre me sabe a silencio
-
He recitado suspiros
que trascienden el vacío,
locuaz de la lectura,
y el deseo de sentir los versos
de tu piel desnuda.
Anticipo con al...
Hace 20 horas

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