En otra ocasión, eran como tres o cuatro charangas chicas, y unas grandes, y nos venimos papá y yo, y al llegar a la Punta de Buda, entonces afuerita, empezaron a gritar unas gentes… ¡auxilio! Que nos ahogamos.
Papá dijo: son los muchachos que vienen de las Guasimas, que es un lugar pegado a la Retama.
Se veía como que traían varas de otate, y costaleras de otate.
Papá dijo, ¡Vamos! porque esas gentes se vayan a ahogar.
Nos fuimos siguiendo los gritos, y cuando llegamos al lugar, ya estaban lo doble de retirado, y dijo papá: ¡Vámonos Cacho! Porque esto no es cosa buena. Se va a venir el norte. Y no era nadie.
Les voy a platicar, como una vez, se nos hizo de noche pescando, llegamos a la Cañada, eran como las 12 de la noche, y vimos una panga, con HACHO y arpón, y una canastilla, que se alimentaba con trapo con chapopote, en el Poste Alto, y se alumbraba con eso, la vimos con la luz, se miraba abajo el pescado.
Éramos Arcadio Cruz (mi suegro), Marcos Reyes y yo.
Alguien dijo… vamos a calentar el lonche y el café. Porque todas las noches hacíamos lumbre y lo calentábamos, esa vez, parece que ya nos daba, por que no quisimos hacer la lumbre. Cuando oímos una panga remando.
Dijimos, ¡mira! Esos andan como nosotros, andan buscando la vida. Y a los 75 o 100 metros, se oye cuando cayó la panga. Ahí estábamos, fue a la hora de que pasa el avión, y todavía pasa el avión, a las 12 de la noche. De la panga, nada se veía ya. Se desapareció.
Oímos que venía una recua de mulas, eran unas 5 o 6 mulas, por toda la orilla, y cuando los animales metían el casco, se escuchaba como si fuera lodo, se oía… zoooc, zoooooc; pero no había lodo, era puro cascajillo (cascajo del ostión).
Se oía como resoplaban las mulas… prrrr, prrrr, prrrr, y los arrieros venían hablando voces de ultratumba, no se les entendía nada, y ya cerquita de nosotros, como a 15 o 20 metros, las vimos nosotros, a las mulas, y una se atascó, y se oyó como cadenas, o dinero; ahogado el ruido, como de arandelas.
Nos paramos sin decirnos nada. Uno de nosotros agarro el remo, otro palanca, otro canaleta, y hasta como unos 200 metros, iba zumbando el bote de miedo.
Y todos cansados, entonces, dijo mi suegro, don Arcadio Del Ángel:
¡Vámonos! Que esto no es cosa buena.
Nos venimos, al llegar a la orilla, nos dijo, tiendan el hilo ustedes, porque yo me siento malo. Yo seguí yendo a pescar, con mis amigos. Le preguntaba por él a Cecilia, la mamá de mis hijos, me dijo días después, que su papá decía que si podía ir a verlo. Llegué a su casa, me pusieron una silla para que me sentara, mi suegro estaba malo, hablaba enterpejamado, y me dijo:
Te mandé llamar, para que vayas a sacar el dinero, que ese dinero es tuyo.
Yo le dije a mi suegro que sí, pero yo no fui, ¡que iba a ir!
Cuando regresé a mi casa, apenas llegando, que me vienen a decir que ya había muerto.
Brilla una estrella ahogada en el frasco de la memoria
-
Las sílabas son peces de tinta
que nadan hacia el jardín de ecos,
donde yacen los sustantivos rotos.
Brilla una estrella ahogada en el fr...
Hace 22 horas

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por visitar el blog